Julio Chávez demuestra que cantando es el mejor actor

El sábado estuve dando vueltas por el Microcentro y en una de las calles en que me metí apareció uno de los teatros con más gloria e historia de Buenos Aires: El Maipo. Recuerdo tantas historias en este teatro, tantos artistas hechos y derechos. La cosa es que en su cartelera estaba anunciado un nuevo espectáculo de Julio Chávez, el actor serio más famoso de este momento. Junto con Karina K protagonizan “Sweeney Todd”, un musical que en cine fue protagonizado por Johnny Deep. La verdad es que no entiendo mucho de musicales; quizás no me gusten tanto. Pero bueno, si un espectáculo está a punto, no importan los estilos de los que se trate, y uno puede disfrutar de lo que ve. No fue mi caso. No la pasé nada bien. Tres horas, con un intervalo, de canciones que parecen de otra época, una historia que parece de otra época, un estilo que parece de otra época. No futura, sino pasada, pasadísima. La historia del barbero vengador que quiere vengar la locura de su esposa y la prisión de su hija y comienza a matar en su centro de operaciones impensado: su sillón de barbero. Los actores malos, las canciones aburridas y Julio Chávez con sus barítonos que dejan sordos a cualquier sordo. Da un poco de lástima percibir esas cosas (que eran percibidas por una gran mayoría de los allí presentes), porque un musical supone entrenamiento, horas de ensayo y sobre todo inversión. Pero el resultado, para la mirada inocente y no experta en musicales, deja bastante que desear. Chávez es un gran actor, nadie puede negarlo. Pero acá la chingó un poco. Resulta realmente molesto escucharlo cantar. Lamentablemente, muy poco para rescatar. Como por ejemplo la actuación de Karina K, que se cuelga todo el espectáculo en sus hombros: mucha calidad interpretativa, tanto musical como actoral y la que sin dudas se lleva toda la ovación de la noche. Recomendada para los que les gusten los musicales, y los fanáticos de Jului Chávez. Pero los demás, sigan caminando por el Microcentro que hay mucha más verdad en las calles de Buenos Aires que dentro del Maipo.


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